Perdidos en el borde exterior

Cuaderno de Bitácora 4

Estación de Trasbordo Ephérides

Una vez recuperados del susto, nuestros protagonistas, se dirigen a comprobar si El Pato Mareado y sus ocupantes están bien. Milagrosamente, la nave está intacta, y con ella, Druma y Lucy.

En el hangar, se han refugiado también la oficial imperial de la oficina de reclutamiento y tres soldados de asalto, que están en el extremo apuesto a donde está atracada la nave, intentando hacer funcionar una consola de comunicaciones.

Al otro lado de la mampara de separación, el Hutt y su séquito han conseguido refugiarse en el espacio-puerto 3, e intentan hacer funcionar los comunicadores.

Conforme se acercan a El Pato Mareado, El Capitán Dorian descubre a los tres rebeldes que habían intercambiado disparos con los imperiales, escondidos detrás de un contenedor de carga portátil. Con cuidado de que los Imperiales no detecten su presencia, los introducen en El Pato Mareado, ocultos en el contenedor de carga. Una vez dentro, les explican que formaban parte del grupo de rebeldes que el Imperio iba a trasladar a la prisión minera de Caamas. El Capitán Dorian pacta con ellos una tarifa a a cambio de hacerles salir con vida de los restos de la estación, sin que los imperiales lo sepan, y ellos acceden a ocultarse en los compartimentos secretos

Aprovechando la apariencia bastante feroz de Choriwaka, el Capitán Dorian y él, van a negociar/amedrentar a los imperiales. Estos han intentado comunicar con las naves de salvamento, pero no consiguen contactar con ninguna. Según sus cálculos, no quedan más de tres horas para que se acabe el soporte vital de emergencia.

Los imperiales, desmoralizados y casi desarmados (sólo la oficial de la oficina de reclutamiento conserva su blaster de bolsillo), aunque desconfían de los jugadores y mantienen una actitud bastante chulesca, se ven obligados a negociar un precio a cambio de sus rescate, que pagará la guarnición imperial más cercana al lugar donde les desembarquen.

De momento, necesitan conseguir activar la energía de la torre de control para abrir las compuestas del espacio-puerto, por lo que acuerdan con los imperiales que les avisarán cuando todo esté listo para el embarque.

En la zona de las mamparas de separación, existe un intercomunicador, con el que consiguen comunicar con los supervivientes del espacio-puerto 4. Se trata de un jefe de la mafia, llamado Jamme Hutt y sus guardaespaldas. Jamme es Hutt de mundo y rápidamente ofrece una recompensa a los jugadores por llevarlos a su planeta de origen, Nal Hutta, dado que su nave ha quedado inutilizada. También les deja caer que es bastante conveniente en esta vida que un Hutt te deba un favor.

Mientras el Capitán Dorian y Choriwaka vigilan a los imperiales discretamente desde la nave (de los que se fían más o menos lo mismo que ellos de nuestros protagonistas), Druma y Dit I Fett, se disponen a entrar en la torre de control.

La torre de control tiene en su parte superior una cabina con ventanales que permiten ver los espacio-puertos 3 y 4, desde la que se controla el sistema de entradas y salidas de la nave. Para acceder a la cabina de control, se utiliza un turbo ascensor por cada lado. El de la parte del espacio-puerto 4 está bloqueado por la metralla de la explosión que ha obturado la puerta y el del lado del espacio-puerto 3, se encuentra parado por falta de energía. Mediante un puenteo a la energía de reserva, Druma consigue arrancar el ascensor, y ella y Dit I Fett acceden a la cabina de control. Una vez allí, Druma hace bajar las mamparas de separación para que Jamme Hutt y su séquito puedan acceder a El Pato Mareado, donde el Capitán Dorian los instala en la bodega de carga, cosa que no les hace mucha gracia, pero que deben aceptar.

Desde allí, Druma puede preparar un interruptor que abra la compuerta de atraque, pero eso consumirá toda la energía restante, por lo que se desactivará el soporte vital, la gravedad artificial y los turbo ascensores. Dit I Fett, cuyo traje mandaroliano tiene soporte vital para unos minutos, se ofrece a accionar el interruptor y bajar mediante tirolina hasta la nave a través de las ventanas de la cabina de control.

Druma prepara el interruptor y baja por el turbo ascensor hasta la nave. Los imperiales, a los que se advierte de que no van a ser los únicos refugiados de la nave (esto va por la gente de Jamme Hutt, no por los rebeldes que siguen olcultos), no se toman muy bien lo de tener que viajar apelotonados en la cabina de la nave, pero finalmente acceden a embarcar (a la fuerza ahorcan, claro).

Llegado el momento de la partida, Dit I Fett revienta el cristal de la cabina de control de un blasterazo, acciona el interruptor y se lanza con la tirolina hasta la puerta de la nave. Inmediatamente, las puertas se abren y todos los dispositivos de la estación se apagan, a excepción de las luces de emergencia de El Pato Mareado, y el espacio-puerto se descomprime. Sin embargo, al mandaroliano le viene justo para precipitarse a través de la compuerta de carga de la nave, que Choriwaka cierra rápidamente detrás de él y con un rugido, El Pato Mareado sale a toda velocidad de los restos de la estación.

Una vez fuera, pequeños trozos de roca golpean el casco suavemente, sin suponer peligro alguno, pero que Alderaan no está donde debería. Asustados, tras realizar los cálculos para saltar a Nal Hutta en el Sistema Y’Toub, se marchan, justo a tiempo de ver llegar una nave que dispara sobre los restos de la estación y los hace volar en mil pedazos (no es una nave imperial).

A su llegada a Nal Hutta, una barcaza espera a Jamme Hutt y su gente. El Capitán Dorian le pregunta si es familia de Pizza Hutt y le dice que no, pero que le conoce, que un cuñazo suyo y él, son primos lejanos. Y que no arrepentirá de haber hecho negocios con él. Le paga y se despide con un apretón de manos.

Surahyi Zan, la oficial imperial, contacta con la guarnición más cercana para que vengan a recogerles y a efectuar el pago por sus servicios. Sigue sin confiar en ellos, pero es una mujer que sabe hacer honor a su palabra. Ante las preguntas de la oficial, los imperiales le explican que Alderaan ha sido destruido por los rebeldes. Nuestros héroes toman nota, pero no terminan de creérselo.

Una vez “vaciada” la nave y abandonado el planeta de los Hutts, los pasajeros rebeldes salen de su escondite y contactan por frecuencia cifrada con sus compañeros, para ser desembarcados en la base más cercana. Los rebeldes les informan de los últimos acontecimientos: la princesa Leia ha sido detenida por las fuerzas imperiales y la Estrella de la Muerte, que ya está operativa, ha destruído Alderaan.

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